Comercio de productos genéticamente modificados

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene un efecto indirecto y suave sobre la regulación de los OMG. Con frecuencia se les invita a redactar informes y recomendaciones sobre la regulación de la ingeniería genética en plantas, aplicando así una política de control del uso y el comercio de dichas sustancias. La Convención de Aarhus sostiene además que al evaluar el riesgo y la regulación de los OGM, debe tenerse en cuenta el acceso del público a la información, los procedimientos de participación pública en la toma de decisiones y el acceso a la justicia. Aunque su influencia no es la preocupación primordial que regula los productos transgénicos, su impacto no es significativo y es digno de mención.

Por lo tanto, al examinar las diversas convenciones y organizaciones que controlan los productos genéticamente modificados, su comercio internacional y su protección de la propiedad intelectual, resulta evidente que el área está regida por los principales organismos específicos, con acuerdos suplementarios más pequeños y orientaciones entremezcladas para vincularlos. La Unión Europea (UE) ha luchado durante algún tiempo con el concepto de los OGM. En un intento de armonizar y controlar la regulación de los OGM (y de eliminarla de los auspicios de las políticas y debates nacionalistas), la UE ha quitado a los Estados la mayor parte del poder de regular y restringir la importación de OGM en su territorio.